Moneda·The Economist

En los próximos 15 años: El fin de la era del efectivo

Bienvenido a la siguiente era del dinero electrónico, pero por precaución guarde el anonimato del efectivo

En primavera, Adam Smith reemplazará a Sir Edward Elgar en la cara de los billetes de 20 libras de Gran Bretaña. El primer pensador económico en ser tan honrado, podría ser el último.

No porque los economistas estén faltos de méritos, sino porque el dinero en efectivo, después de alzarse por milenios como una de las tecnologías más versátiles y duraderas de la humanidad, pareciera acabarse dentro de 15 años o, finalmente, convertirse en una corriente electrónica de 1 y 0.

Billetes y monedas son sólo una pequeña fracción del dinero en los países más ricos. Sin embargo, por el número de transacciones más que por su valor, todavía vivimos firmemente en una sociedad de efectivo.

El Consejo Europeo de Pagos calcula que las 360 mil millones de transacciones en efectivo realizadas en la Unión Europea, cuestan al menos 50 mil millones de euros por año, mientras que otros ponen la cuenta en 200 mil millones de euros.

Visa, la gran alianza de tarjetas de crédito, calcula cuentas en efectivo para la mayoría de los US$ 1.300 millones gastados al año en todo el mundo en artículos de pequeño monto.

La fila que haces para sacar dinero y la fila que haces para gastarlo; la pelea con el conductor del taxi que se enfurece porque pagas con un billete de US$ 100; o bolsillos y carteras llenas de monedas, muestran que el efectivo sigue siendo el rey.

La transición
Los operadores de celulares anunciaron esta semana servicios que permitirán a la gente usar aparatos móviles para mandar dinero a personas en otros países, aún cuando ninguno de los dos posea cuenta bancaria.

Japón cuenta con cerca de 500 operadores de tarjetas inteligentes que cumplen la función de “billeteras digitales”. Edy, el más grande, supervisa 15 millones de transacciones al mes de 43 mil tiendas.

En EE.UU., Master Card, Visa y otros han introducido tarjetas de crédito que, sin firma ni clave, pueden pagar cuentas bajo los US$ 25.

Nadie puede estar seguro cuán rápido bits y bytes desplazarán al metal y papel. Hace cien años todavía se podían pagar los impuestos en Uganda con “conchitas”. Y quizás el efectivo siempre encontrará un nicho, ya sea en naipes de cumpleaños de niños o como el dinero para aquellos que no usan bancos ni celulares.

Pero la mayoría de las veces un celular o una tarjeta inteligente, pasables por un lector electrónico, derrotarán en conveniencia a billetes y monedas.

El “dinero de información” puede ser manejado por cualquier dispositivo de proceso de información. Por ejemplo, por el celular, que puede sumar la utilidad del dinero gracias a su facilidad de uso, y que puede unirse al banco como cualquier cajero automático.

Aquí el porqué. Ahora el dinero digital soluciona el dilema del “huevo o la gallina”.

En el pasado, los comerciantes no instalaban los sistemas a menos que los compradores tuvieran el dinero electrónico. Y los compradores, por su parte, no usaban el dinero electrónico a menos que ellos tuvieran algo para comprar.

Pero las tarjetas inteligentes y lectores se han abaratado y los consumidores ahora poseen celulares por montones.

Los billones de pagos, que son demasiado pequeños como para aguantar los honorarios de las tarjetas de crédito, ya están a la mano con la riqueza. Algunos comerciantes japoneses han comenzado a ofrecer descuentos a la gente que usa el dinero electrónico. Otros los seguirán.

Aún sigue pendiente la pregunta fastidiosa sobre el anonimato. La privacidad tiene mucho que ver en esto. Las empresas que dirigen sistemas de pago podrían vender la información sobre lo que cada persona compra y cuándo. Hay que prepararse para una invasión de cupones y ofertas diseñadas para que encajen con su perfil cargándolo a su teléfono. También hay preocupaciones más serias. En el mundo en efectivo el anonimato puede ser un escondite de la maldad. Suspicaces adhieren a que donde hay anonimato también se encuentran drogas, fraude, lavado de dinero, financiación terrorista y una cantidad de evasión fiscal.

Ingerencia estatal

Durante años, los Gobiernos han procurado controlar instrumentos financieros anónimos. El Estado está casi seguro de limitar la cantidad que puede pasar por una tarjeta anónima o el teléfono. Impaciente por recolectar impuestos de constructores y niñeras, también será tentado por supervisar los pagos electrónicos.

Aunque ésta sea una pregunta política, y no una tecnológica, usted puede diseñar sistemas de pago que protegen contra el fraude y conservan el anonimato, como también puede diseñar sistemas abiertos o aquellos que guardan su secreto de identidad a menos que las autoridades exijan que sea revelado.

Mientras más se mete el Estado en el dinero electrónico, más anima a los ineficientes billetes y monedas. Como Adam Smith no habría dudado en observar, sólo porque el Estado puede meterse en el dinero electrónico no significa que debería.

Fuente:

The Economist. ” En los próximos 15 años: El fin de la era del efectivo” on line [ http://diario.elmercurio.com/2007/02/19/economia_y_negocios/the_economist/noticias/EB8EC4A5-86EB-4122-A742-B3AF37F12177.htm?id={EB8EC4A5-86EB-4122-A742-B3AF37F12177}]. Lunes 19 de febrero de 2007

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