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Regulación: la conexión entre ángeles y banca

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“Uno de los pilares es monitorear los mercados, transparencia y acceso a información.”


La última vez que alguien conectó a los ángeles con los bancos fue en 1946, cuando James Stewart protagonizó “It’s a Wonderful Life”.

Los lectores de corazón blando dirán que la caracterización de Stewart previene una era depresiva en su banco, y fue disuadido de unos planes suicidas que surgieron tras el posible colapso del banco gracias a un ángel de la guarda, Clarence Oddbody.

Hace 60 años, tres economistas -James Barth, Gerard Caprio y Ross Levine- publicaron un libro llamado “Repensando la Regulación Bancaria: Hasta que Gobiernen los Ángeles”, que analiza los esfuerzos de los gobiernos alrededor del mundo para hacer seguro al sistema bancario de las calamidades, tal como lo hicieron en la ficticia institución de Stewart.

El libro provee una crítica controversial sobre lo que los autores observan como los otros lineamientos de la regulación bancaria.

El título del libro está inspirado por las palabras de James Madison, uno de los padres fundadores de Estados Unidos: “Si los hombres fueran ángeles, no sería necesario un gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres, no se necesitarían controles internos ni externos”.

En establecer marcos para ser administrados por hombres sobre otros hombres, la gran dificultad está ahí: primero debes permitir al gobierno controlar a los gobernados, y luego debes obligarlo a controlarse a sí mismo.

La dificultad de lograr que el gobierno se controle a sí mismo es un aspecto de lo que los economistas llaman falla regulatoria. El argumento central del libro es que aun cuando se introduzca mucha regulación bancaria, por las mejores razones tienden a ser establecidas sin tomar en consideración el riesgo de falla regulatoria. Como resultado, tales fallas ocurren y sus consecuencias son peores que las fallas de mercado que se supone prevenían.

Para llegar a esta conclusión, Barth, Caprio y Levine han construido el primer banco de datos global comprensible de regulaciones bancarias. Esto lo lograron tras extraer información de gobiernos generalmente reticentes, utilizando el amparo del Banco Mundial, donde trabajó Caprio.

De hecho, conscientes de que sólo tienen la parte superficial de los datos, y ansiosos de que se logre un buen uso, cada copia del libro trae un disco compacto con los datos de 1998-99 y otros de 2003, abarcando a 150 países.

La ausencia de buenos datos podría ser la razón de por qué se ha establecido tanta regulación bancaria que carece de sentido y que no se sabe cómo funcionará en la práctica, reconoce Barth, un veterano de regulación bancaria que recientemente lideró un equipo internacional que asesoró al Banco Popular de China en la reforma bancaria.

Con sus nuevos datos, los economistas analizaron la relación entre diferentes tipos de regulación y los indicadores de salud en el sistema bancario de un país, incluyendo la eficiencia de sus bancos, lo extendido de la corrupción, cuán desarrollado está el sistema y, por supuesto, la probabilidad de una crisis.

En particular, ellos se focalizaron en tres categorías de regulación, que son apoyadas por las regulaciones bancarias de Basel 2. El primero de estos tres pilares requiere que los bancos dejen de lado una cierta cantidad de capital como reserva ante pérdidas, variando con el riesgo. El segundo involucra unos poderes de supervisión más fuertes para permitir a los reguladores gubernamentales revisar y disciplinar a los bancos. El tercer pilar consiste en monitorear los mercados, transparencia, acceso completo a la información y propiedad dispersa de los bancos.

Junto con encontrar diferencias enormes en regulaciones bancarias alrededor del mundo, que los hace escépticos sobre la noción de que hay ajustes eficaces con modelos de “talla única” en la regulación bancaria, los economistas sacaron varias conclusiones.

Daño moral

Primero, encontraron que elevar los requisitos de capital no tenía impacto perceptible si un país tenía un sector bancario desarrollado (medido por la cantidad de créditos extendidos a empresas privadas como una proporción del PIB), tenía bancos más eficientes (medidos por los márgenes netos de interés y otros) o si era menos probable que experimentara una crisis bancaria.

En segundo lugar, políticas reguladoras que impulsan el monitoreo a los bancos del sector privado -incluso en países con mercados de capitales mal desarrollados, estándares de contabilidad y sistemas legislativos- tienden a hacer más desarrollados los sistemas bancarios, los bancos más eficientes y las crisis menos probables. Pero mientras más generoso es el seguro de depósito, más probable es una crisis bancaria: aun cuando sea bien intencionada, esa protección parece agravar el “daño moral” al hacer a los ahorrantes menos cuidadosos a la hora de decidir a quién confían su dinero.